A la mujer creativa…

Una de las ideas equivocadas con las que muchas personas caminan en la vida, es la que dice que: la creatividad está en unos pocos.

La sociedad en la que vivimos ha puesto una etiqueta a la palabra “creativo”, y ha establecido que solo cierto grupo que viste de cierta manera, que habla de ciertos temas, que busca ciertas profesiones o que logra cosas que dejan a todos con la boca abierta, son los únicos que merecen tal adjetivo.

Pero dejame decirte lo que he visto en estos últimos años. He visto como la creatividad es natural en todo ser humano, he visto como cada persona en la tierra tiene la posibilidad de tener ideas que sorprendan, además he visto como muchos logran lo que jamás pensaron y cuando lo consiguen su parte de vida que los lleva a crear se siente tan libre que siguen produciendo cada vez más ideas.

¿Entonces?

La sociedad puede decirnos todo lo que debe ser y lo que no debe ser según los estándares de la era en la que vivimos, todos pueden decirnos hasta donde llegar, todo lo que nos rodea puede ponernos patrones y parámetros en los que es “normal” moverse, pero lo que realmente mata a la creatividad en la gente es el miedo.

Muchos andan por ahí con ideas que nadie conoce, con proyectos y conceptos que revolucionarían todo lo que los rodea pero un miedo desmedido a decir o a hacer, los frena de tal manera que prefieren guardar sus más fervientes sueños. Te voy a decir algo por experiencia, nunca nada va a ser más poderoso que creer en las ideas que llevás, y claro que esto puede sonar a mensaje de motivador, pero en realidad que sea un mensaje para que dejés la cobardía y entendás que nadie en este mundo puede tener una opinión más fuerte que lo que vos misma sabés que podés hacer. Nadie está hablando aquí de no escuchar un consejo, pero jamás un buen consejo te va a decir que no te atrevás a hacer algo nuevo.

La única persona culpable de no atreverse a algo sos vos, así que si tenés un proyecto y no sabés cómo darle forma quizá estos pasos te sirvan, porque ya es hora de empezar.

Trazá un camino general: Lógicamente como en todo iniciamos de cero, pero esa es una de las partes más importantes. Es en el inicio donde debés saber exactamente hacia dónde vas aunque luego haya cambios, tenés que iniciar con una meta fija. Si querés tener una cafetería, una tienda, lo que sea, si quieres hacer cosas en tu casa para vender, todo es válido. Así que primero tenés que saber hacia dónde vas para empezar a caminar, y aquí cuesta porque hay que ser valiente para aceptar lo que realmente queremos.

Dosificar: Una vez que tenés claro el camino, trazá metas a corto, mediano y largo plazo. Un paso a la vez.

Mantenerte: Nada de claudicar, se debe seguir entendiendo que lo que estamos haciendo es el sueño de nuestra vida, nada puede ser más grande que eso.

Consultar: Acércate a gente que ya ha logrado lo que vos estás haciendo. Conocé, estudiá, nunca podés dejar de aprender, el día en que lo hagás no vas a tener nada nuevo que ofrecer.

Espero que tomés la decisión de empreder, porque la única vida que tenemos es esta, y cuando veas hacia atrás que no sea la vida de una mujer frustrada, que sea la vida de una mujer que se atrevio a hacer lo que quizá muchos le dijeron que no podía, y es que al final, las palabras solo se convierten en algo si las dejamos entrar a nuestra cabeza, así que no dejés entrar lo que no conviene, abrí tu mente a un futuro lleno de ideas y creatividad, porque eso ya lo traés por dentro.

Pame.

Foto: Eme de Mujer

 

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